¿Habrá sido un error?(10)

Tras la angustiada espera, se abrió la puerta, Jácome y Jack se encontraban en el último piso de ese apartado almacén de tonalidad clara. La luz era pobre y transitaron hasta el final del angosto pasillo donde se encontraba un corpulento hombre, vestido de chaqueta, que presidía una puerta de madera de nogal con detalles dorados. El susodicho se encontraba ojeando el periódico mensual. Y cuando se percató de la presencia de los dos invitados, este le regaló una firme mirada aterradora, clavando los ojos en Jack y con media sonrisa.298832_238907699482053_189391867766970_659044_591253_n

-¿Cuál es el motivo de vuestra presencia?- preguntó el misterioso hombre.

-Venimos a ver a Don Tancredi, dígale que soy Jack Rose, ya que espera nuestra visita.- Respondió Jack con firmeza y tras unos segundos de reflexión.

Al mismo tiempo que el guarda llamó a la puerta para alertar de la presencia de Jack, Jacome estaba un tanto pusilánime debido a la situación. Cuando el jefe dió el visto bueno para la entrada al salón, Jacome se quedó atónito al ver la gran sala, marcada por una gran estantería con arcaicos libros, lleno de imposibles estructuras provenientes de la seda de los arácnidos y un enorme mesa de madera oscura, con una docena de asientos, en la cual, Jacome pensaba que era donde festejaba las reuniones Tancredi con sus socios.

– Jack, ¡acércate! -Dijo el señor levantándose del sillón situado en una mesa aparte a modo de despacho y haciendo aspavientos con las manos refiriéndose a que se acercaran a él.

El era un hombre robusto, de unos 50 años. Tenia pelo oscuro y áspero, adornado con un sombrero negro con una franja de color burdeos, su rostro, arrugado, castigado por un duro trabajo en el pasado, ojos marcados y ceño fruncido. Iba vestido con traje negro azabache en una perfecta simbiosis con su cuerpo. Su elegancia estaba marcada desde la copa de su sombrero de terciopelo hasta la punta de la bota de piel de escualo.

¿A que venís mi viejo amigo, hace tiempo que no te veo?- dijo el señor Tancredi una vez se ha levantado y dejando la pluma que sujetaba con la mano derecha sobre el tintero.

-Si, poco mas de seis meses, vengo a informarte de que mi trabajo por Europa y Marruecos ha finalizado, y las negociaciones en Leningrado, Ámsterdam y Paris fueron fructuosas. Además no hubo ningún altercado al recoger los paquetes en Marruecos señor.- Contestó Jack de forma pasmosa.

Muy bien Rose, tomate el fin de semana libre, ya te informare de lo que debes hacer. ¡Ah! Y por cierto, ¿quien es este muchacho?- Preguntó un tanto desconcertado.

– Es un chico que me encontré en mi visita por Francia, me ayudó a trasladar las maletas y pensé que era buena idea traerlo hasta aquí para que consiguiera trabajo, es muy disciplinado- le respondió Jack mirando a Jacome y dándole una palmada en la espalda.

– ¡Eso es decisión mía!, tú no puedes traer a cualquiera que te encuentres por la calle aquí, en mi presencia. Además ¿sabes cuantos muchachos hay en la miseria en esta ciudad? ¿No te hubiera valido cualquiera de esos? ¿ Ahora que hacemos con este?-exclamó Tancredi adoptando una expresión enojada y maquiavélica, con los dedos pulgares de su robustas manos  metidos en los tirantes de aparatoso color rojo que le sujetaba el pantalón.

-¿puedes salir un momento Jacome? Tengo que hablar a solas- dijo Jack un tanto preocupado.

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