El camino hacia una nueva era (13)

En la salida esperaba un lujoso Cadillac de Ville de 1960, era un majestuoso coche negro con las lunas tintadas de un negro tenue pero a la par que intenso. Jacome y Jack subieron rápidamente y pusieron rumbo al almacén. En el trayecto Jacome no podía parar de mirar  y limpiar con su chaqueta su nueva arma. Jack percibió que su amigo no era el mismo, había cambiado algo en su mirada. Jack aún lo le había dado las gracias por salvarle la vida pero sabía que no era el momento. Jacome se encontraba inmerso en un mundo que jamás imaginó que existía y que mucho menos pensó que le iba a gustar. Cuando llegaron al almacén hablaron del suceso a Don Tancredi.

– Señores, señores tranquilidad. -dijo Don Tancredi con gran parsimonia- Todos estamos muy cansados. A estas intempestivas horas lo único que me apetece es llegar a mi casa, sentarme en mi gran sofá, al apacible fuego de la lumbre y quedarme dormido con una copa de esa gran mercancía que trajisteis de África a vuestra llegada. -prosiguió Don Tancredi-.

-De acuerdo Don Tancredi, sus palabras son ordenes para nosotros. -dijo Jack- Vámonos Jacome estarás cansado y necesitas descansar ha sido un día duro para ambos.

Jacome asintió con la cabeza sin decir nada, mirando su arma.

-Esperen señores, serán unas horas intempestivas y mis palabras serán ordenes para vosotros pero eso no impide que unos amigos hablen de negocios. Mañana antes del alba, os quiero en mi despacho.- ordenó Don Tancredi.-

El despertador sonó temprano, era un sonido que repiqueteaba como las campanas de la Catedral de Notre-Dame y que hizo poner en pie a Jack y a Jacome.

Se vistieron rápidamente con sus trajes y fueron a la reunión con Don Tancredi.

-Bienvenidos señores, pasen tenemos que hablar de algo bastante serio. – dijo don Tancredi preocupado.-

-Usted dirá señor Tancredi.- dijo Jacome con una firmeza pasmosa.-

-Me gusta esa actitud chico. Tenía sospechas acerca de quiénes era esa escoria que os atacó, pero he recibido información que ha confirmado mis sospechas. No era la competencia. Eran los agentes federales de nuestro país.-afirmó Don Tancredi.-

-¿Los federales?- preguntó  Jack extrañado.- pero si hace mucho tiempo que nos dejaron en paz.

El asedio (008)

-¿Qué ocurre con los federales?- pregunto Jacome sobresaltado.-

No te preocupes Jacome más tarde te lo explico.-contesto Jack.-

-Basta de charla señores quiero que conozcáis a Mutombo, nuestro capitán de asesinatos. -dijo Don Tancredi abriéndole la puesta de su lujoso despacho.-

-Oiganme muchachos no se dejen llevar de mi acento cubano, yo soy nigeriano y no me gustan las bromas. Esta es la última que  les paso a los federales. Hoy se arrepentirán de todo lo que nos han hecho. Hemos recibido lo que llevaba tiempo esperando. El fusil carcano de cerrojo italiano modelo 91/38 y calibre 6,5 milímetros. Hoy 22 de noviembre de 1963 viajareis a Dallas, Texas y asesinareis desde un sexto piso a nuestro presidente J.F.Kennedy.-dijo Mutombo.-

-Yo lo haré.-dijo Jacome con entereza.-vámonos Jack el tiempo apremia.

Jacome no era el mismo desde aquel incidente y se mostraba más ilusionado con lo que su nuevo trabajo le exigía.

Tras un duro viaje Jack y Jacome  llegaron a Dallas y esperaron en lo alto de un edificio cerca de la Plaza Dealey. Cuando el presidente Kennedy pasó con el coche presidencial por el sitio indicado, Jacome apuntó con majestuosidad pero con nerviosismo. Su sangre se hacía más densa, sus pupilas se dilataron, su corazón palpitaba como una máquina descontrolada y desenfrenada y su sudor se helaba por momentos. Apretó el gatillo y asestó un disparo certero a la sien del presidente. El revuelo y la incertidumbre se apoderaron de la multitud y Jack y Jacome desaparecieron como los ninjas desaparecen en la noche oscura.

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