Digna siesta de marqués (26)

Devastación, era lo único que Jacome veía a su alrededor, un paisaje negruzco, árboles caídos, impotentes a la gran explosión que él mismo había desencadenado. Si había sobrevivido a aquella masacre era gracias al acorazado, que había quedado inutilizado casi en el mismo segundo que pulsó e botón rojo parpadeante, sin embargo, su interior estaba intacto. Jacome salió de aquel tanque algo confuso, la cabeza le daba vueltas y un zumbido insoportable se apoderaba de sus oídos impidiéndole pensar con claridad.

No ha quedado piedra sobre piedra –  pensó Jacome – Debo buscar a Jack, con suerte puede haber encontrado alguna oquedad en la tierra que le halla servido como trinchera.

Jacome decidió subir a la colina desde donde podía divisar la totalidad del campamento con Jack un par de horas antes, ahora aquel paisaje se había transformado radicalmente en un raso donde llovía ceniza de los árboles acribillados que estaba empezando a cubrir todo el terreno varios kilómetros a la redonda. Jacome divisó una depresión del terreno en la zona norte, justo donde Jack hizo estallar sus bombas para despistar al ejercito que custodiaba el campamento y se dio cuenta rápidamente que si no estaba allí habría volado en mil pedazos como todos los demás soldados.

Mientras Jacome exploraba el terreno sin dejar nada por observar cientos de veces divisó unos 25 metros más adelante una miserable figura impregnada de hollín y corrió lo más rápido que sus piernas podían permitirle.

¡Jack! ¿estás a salvo? -gritó Jacome mientras un ápice de esperanza iluminaba su rostro-

No te acerques chico, no querría que me vieras en estas condiciones, he conseguido sobrevivir a la explosión, no obstante tenías razón, el plan no ha salido como esperaba pero lo has hecho bien ahí fuera, 1 minuto más y ambos estaríamos muerto hace tiempo.

Jacome, haciendo caso omiso a Jack se acercó a él rápidamente y le acomodo la cabeza sobre la funda del cuchillo que antaño robo a uno de los guardias hispanoamericanos que los hicieron prisioneros.

Chico,  no me queda mucho en este mundo, debo decirte que has estado a la altura, me entristece sobremanera que las cosas hallan salido tan mal, pero gracias a ello he llegado a quererte como al hijo que nunca tuve y eso es recompensa suficiente para un desgraciado como yo -dijo Jack mientras una cascada de lágrimas inundaban sus ojos-

Jacome no pudo articular palabra ante tan dramática situación, y acompañó a su fiel compañero en su agonía hasta que al fin pudo liberarse de este mundo podrido y descansar en paz.

¡Jacome, chico, Jacome! !Despierta! -gritaba Jack en medio del alboroto del gentío mientras bajaban con numerosos enseres ha su destino-. !Jack¡ -gritó Jacome confundido- ¿Donde estamos Jack?-preguntó Jacome-

¡Chico, te has dado una siesta digna de un marqués! -dijo Jack- Hemos llegado a nuestro destino, Cádiz, mañana comenzarás a trabajar en el negocio familiar, somos hosteleros, estoy seguro de que te gustará.

Está bien – dijo Jacome mientras una alegría inmensa le inundaba el cuerpo-

Jacome consciente de que todo lo ocurrido había sido un mal sueño, una terrible pesadilla, se dispuso a bajar las maletas al andén, con una sonrisa llena de alegría en la cara, sonrisa que se extinguió al notar un leve dolor en el antebrazo y al observar la herida cicatrizada que durante su digna siesta de marqués le había asestado uno de los soldados a los que arrebató la vida.

 Fuentes: IMAGEN.

 

 

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