Confesiones. (20)

La puerta volvió a sonar. Estaba muy nervioso porque si había escuchado la conversación tendría que confesarlo todo.

-Mario, ¿estás bien? ¿Puedo pasar? Quiero hablar contigo.

Su voz no expresaba nada que me hiciera pensar que se había enterado, cosa que descubrí después que me había equivocado.

– Sí, sí abuela, abre.

Entró y sonrió de una manera que me hizo sentirme raro.

-¿Estabas hablando con una chica verdad? Y seguramente te gusta, se te notaba en el tono de voz – me puse rojo como un tomate-. Sé que abajo has mentido porque te da vergüenza contarlo delante de tus padres, pero a tu abuela no la engañas.

Mi abuela me guiño el ojo y yo me moría de vergüenza y me ponía cada vez más rojo, deseaba que me tragara la tierra, pero sabía que eso no iba a pasar, y no se me ocurría ninguna excusa así que tendría que contárselo…

-La verdad es que sí, me he dado cuenta hace poco que significa mucho para mí y…

– Ay Mario, no te preocupes, son cosas normales a tu edad. Parecía buena chica por teléfono.

Esa frase me asustó, si había escuchado la conversación, sabría lo de mis historias.

-Bueno, Mario – se puso algo más seria- ¿que es lo que pasa con tus historias? Y no intentes mentirme, porque me daría cuenta.

Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Cómo podía salir de aquel lío? Debía pensar rápido…

-No pasa nada abuela, ¿qué va a pasar?

-No sé Mario, como habías dicho que se ha cumplido…

Me estaba poniendo muy nervioso, no quería que se enterase por lo que podía pasar.

-Es sólo que una de las historias que escribí se parece a una noticia que salió en la tele y me sorprendí mucho, pero nada especial.

-¿Y por eso decías “se ha vuelto a cumplir”? No me vas a engañar Mario.

Está bien… me di cuenta hace un tiempo que todas las historias que escribía se volvían verdad, y me asusté mucho. Pero tenía miedo de que pensaras que estoy loco o algo así.

-Mario… Yo sé que no estás loco –miró al suelo y después a mi de nuevo.- Hay algo que debo contarte…

FUENTES: IMAGEN

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