Virus Zika y los Juegos Olímpicos.

A falta de 65 días para que la antorcha olímpica encienda el pebetero de Río de Janeiro, todo son pulgas para un país que padece la peor crisis en 40 años. La puntilla ha sido la alarma social desatada por la epidemia del virus del Zika, que tiene precisamente en Brasil su epicentro.

Hay deportistas como Pau Gasol que han hecho públicas sus dudas sobre si acudir o no a los Juegos Olímpicos el próximo mes de agosto, un grupo de 150 expzikaertos ha pedido en una carta abierta enviada a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la suspensión de los mismos por el riesgo de pandemia. Sin embargo, una medida de estas características ha sido descartada de lleno tanto por el Comité Olímpico Internacional como por las autoridades de Río de Janeiro. Y es que, amparándose en que las medidas sanitarias son seguras de cara a la cita, que la suspensión no impediría la propagación del virus y que el riesgo de epidemia es menor, ya que en ese tiempo es invierno en Brasil, reduciendo el número de mosquitos que son los portadores del virus, el encuentro deportivo sigue adelante, ya que es mucho lo que está en juego.

También debido a la crisis política, económica y fiscal que atraviesa el país y que existen infraestructuras sin acabar, los expertos empiezan a creer que, desde un prisma económico, lo mejor que le podría pasar a Brasil es que el COI anulara los Juegos. Esto solo ha ocurrido en cuatro ocasiones anteriormente, y por causa de fuerza mayor.

En 1908, cuando estaba prevista su celebración en Roma, se trasladaron a Londres por los problemas financieros producidos tras la erupción del Vesubio
en 1906. En 1916, la Primera Guerra Mundial impidió que se realizaran los Juegos en Berlín. En 1938, Japón renunció a su derecho de organizar los Juegos de 1940 tras invadir el año anterior China, con lo que el COI los trasladó a Finlandia, que fue atacada en 1939 por la Unión Soviética, por lo que, finalmente, ni esos ni los de 1944 se celebraron por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Y es que a día de hoy solo se han vendido la mitad de las entradas, mientras que las cancelaciones de viajes, consultas sobre el Zika y la toma de seguros de salud van en aumento. Esto puede suponer que ni siquiera la baza de la generación de ingresos pueda compensar la celebración de los mismos en el clima de alarma que se ha generado, amén de la mala imagen que supondría para el país ser el foco de una pandemia mundial cuando, precisamente, uno de los alicientes de ser sede olímpica es la proyección internacional que tiene la ciudad.

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Una respuesta

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