Hay que salvarla. (27)

Mario paseó nerviosamente arriba y abajo del pasillo. Tenía que hacer algo para solucionarlo pero, ¿qué?. Miles de cosas pasaban por su cabeza. Una era la desilusión que se llevó al descubrir que su abuela fuera capaz de escribir aquello.
¿Por qué querría hacerle la vida imposible de esa manera? Isabel le gustaba demasiado, de hecho, era el amor de su vida. Cosas como esa sólo pasan una vez en la vida, y su abuela estaba jugando con ello como si de un personaje ficticio se tratara.

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Un personaje ficticio, eso era… Él había creado miles, y lo más importante, los había modificado sin problema. ¿Podría cambiar la letra de su abuela por la suya, haciendo que la historia diera un giro distinto? No estaba seguro de que eso se pudiera hacer. Igual la letra, aunque borrada, ya estaría impresa en las páginas. Además, el punto de la narración estaba puesto; estaba, por lo tanto, acabada y eso la hacía inamovible. Claro que podía añadir líneas a la narración, pero lo del cáncer estaba escrito, estaba predicho e iba a pasar sí o sí. No había otras soluciones. No había forma de salvar a Isabel.
De todas formas había que intentarlo, porque como siempre decía, mejor arrepentirse de lo hecho que de lo no hecho. Cogió una hoja como borrador y se puso manos a la obra. Un nuevo pensamiento le interrumpió. Volvió a repasar las últimas líneas: “aún estando enamorada de su amigo…”. Esas palabras estaban incluidas por su abuela. Isabel, en el caso de sentir algo por él, lo sintió solamente porque su abuela lo escribió en su historia, no era Isabel la que tenía control sobre sí misma en ese momento sino que estaba “mandada” a quererle. Esto le deprimió aún más. Probablemente no le iba a querer nunca. Aún así, en sus manos estaba salvarla, y se pensó cómo escribir las mejores líneas para llevar a cabo el final feliz.

Fuente: IMAGEN

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