La historia final(28)


Mario estaba modificando el final que su abuela escribió cuando su teléfono sonó. Era su madre. Habían recibido noticias del hospital, su abuela se había recuperado y quería hablar con él lo antes posible. Mario sabía que se trataba de algo importante pero  no tenía tiempo que perder; se estaba jugando la vida de Isabel. Tras modificar el final se dirigió corriendo hacia el hospital, se sentó junto a su abuela y las ganas de preguntarle por qué él era el protagonista de la terrible historia que ella escribió le comían por dentro pero sin embargo pensó en su salud y la dejó hablar a ella primero:

-Mi nieto querido, no sabes lo arrepentida que estoy. Nunca imaginé que la historia que escribí sobre mi vida se hiciese realidad con alguien tan cercano a mí, es decir, tú. Tú no lo sabías pero yo, a tu edad, tenía un amigo, se llamaba Diego. Eramos uña y carne, además estábamos colados el uno por el otro, pero cuando eramos adolescentes a él le entró un cáncer y falleció. Él era la única persona que conocía mi secreto. Yo tras este duro golpe no me atreví a escribir ninguna historia más que no fuese la mía aunque pensé: si ya ha pasado no volverá a repetirse, ¿verdad? Estaba muy equivocada… Naciste tú y conforme iba pasando el tiempo me daba cuenta de que tu vida era la mía, la misma que relaté  en mi historia. Sufría mucho pensando en el final que te esperaría sabiendo el cariño que le tenías a Isabel…

Mario se echa a llorar con su abuela la cual se siente muy culpable del sufrimiento que ahora le toca vivir a su nieto.  Tras estar un poco más tranquilo, abandona el hospital y de camino a casa se pone a pensar acerca de lo que su abuela dijo de “acabar con la historia entera”.

Nuestro protagonista está decidido, fue corriendo a casa de su abuela cogió el libro que contaba su historia, encendió la chimenea y lo quemó. De repersona-con-libro-quemadopente los recuerdos iban desapareciendo de la mente de Mario, empezó a menguar, pasaba de tener 16 años a tener 10 y cada vez menos. Todo sucedió muy rápido, en cuestión de segundos nuestro escritor Mario había desaparecido, no hay rastro de él.

Lo único que sabemos de Mario es que ahora mismo está naciendo en el hospital, con una nueva vida por delante. Nada de vivir predestinado ni ligado a ninguna historia escrita por su abuela. Está naciendo un Mario libre y sin maldiciones. Su abuela espera la llegada del recién nacido sonriente y ansiosa en la sala de espera. Mientras tanto en la habitación de al lado de la de Mario está naciendo otra chica, se llama Isabel. A ambos les espera una vida muy diferente por delante.

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Hay que salvarla. (27)


Mario paseó nerviosamente arriba y abajo del pasillo. Tenía que hacer algo para solucionarlo pero, ¿qué?. Miles de cosas pasaban por su cabeza. Una era la desilusión que se llevó al descubrir que su abuela fuera capaz de escribir aquello.
¿Por qué querría hacerle la vida imposible de esa manera? Isabel le gustaba demasiado, de hecho, era el amor de su vida. Cosas como esa sólo pasan una vez en la vida, y su abuela estaba jugando con ello como si de un personaje ficticio se tratara.

libro
Un personaje ficticio, eso era… Él había creado miles, y lo más importante, los había modificado sin problema. ¿Podría cambiar la letra de su abuela por la suya, haciendo que la historia diera un giro distinto? No estaba seguro de que eso se pudiera hacer. Igual la letra, aunque borrada, ya estaría impresa en las páginas. Además, el punto de la narración estaba puesto; estaba, por lo tanto, acabada y eso la hacía inamovible. Claro que podía añadir líneas a la narración, pero lo del cáncer estaba escrito, estaba predicho e iba a pasar sí o sí. No había otras soluciones. No había forma de salvar a Isabel.
De todas formas había que intentarlo, porque como siempre decía, mejor arrepentirse de lo hecho que de lo no hecho. Cogió una hoja como borrador y se puso manos a la obra. Un nuevo pensamiento le interrumpió. Volvió a repasar las últimas líneas: “aún estando enamorada de su amigo…”. Esas palabras estaban incluidas por su abuela. Isabel, en el caso de sentir algo por él, lo sintió solamente porque su abuela lo escribió en su historia, no era Isabel la que tenía control sobre sí misma en ese momento sino que estaba “mandada” a quererle. Esto le deprimió aún más. Probablemente no le iba a querer nunca. Aún así, en sus manos estaba salvarla, y se pensó cómo escribir las mejores líneas para llevar a cabo el final feliz.

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Esto no está pasando… (26)


Mario había perdido la noción del tiempo. Sus miradas se cruzaban una y otra vez sin que ambos chicos supieran que hacer o decir.

-Tengo algo muy importante que decirte Mario…

Isabel aparta la mirada mientras juega con sus manos. Los nervios se podrían notar a kilómetros, pero es algo que Mario no adivina.

-Mario… Yo… Estoy enferma, y es mejor que no volvamos a vernos… Porque según los médicos, esto no tiene solución…

“Esto no puede estar pasando, no ahora… Ahora que todo se va a solucionar”. 

-¿Qué… tienes? – pregunta Mario con un nudo en la garganta pero Isabel niega.

-Es mejor que no lo sepas… Tengo que irme.

-Espera – Murmura Mario, pero para ese momento Isabel ya se había marchado. Sus pies permanecen estáticos aun queriendo salir detrás de la chica…

¿Cómo ha podido ocurrir esto? Piensa una y otra vez… Un pensamiento le viene a la mente… Pero es algo imposible… ¿No?

Se levanta corriendo y va rápidamente a su madre.

-Mamá, ¿podrías dejarme las llaves de la casa antigua de la abuela? Necesito coger una cosa.

-¿Para qué las quieres?

-Ya te digo que quiero una cosa… Es algo del instituto, solo será un rato… Hasta que lo encuentre.

-Bueno… – su madre, a regañadientes, le da llaves algo viejas. Mario suspira cuando sale de la casa, encaminándose a la de su abuela, solo para cerciorarse de que lo que tiene en mente no sea posible.

A los diez minutos llega a una pequeña casa, que se nota algo deshabitada. Se acerca a la puerta con algo de temor. La abre y un sonido chirriante se hace notar. Mario entra rápidamente y recuerda un pequeño sitio donde siempre veía escribir a su abuela, cuando él era todavía un niño. Corre hacia el pequeño despacho, y comienza a buscar. Ve una pila de libros y se acerca, después de quitar el polvo ve perfectamente la letra de su abuela. Uno a uno va leyendo títulos e historias hasta que encuentra aquella que le aterrorizaba pensar.

Comienza a leer y efectivamente se cumple lo que él había pensado minutos antes. Su abuela había escrito una historia en el que sin pensarlo o quererlo, él se había convertido en protagonista… Junto a Isabel. La chica de la historia padecía cáncer, algo mortal en esa época, y aún estando enamorada de su amigo… Ambos se separan… ¿Será que esa historia predestinada se cumplirá? Mario desea con todas sus fuerzas que esa historia sea la excepción.

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Las desgracias nunca vienen solas. (25)


Me asusté al ver que se volvía a poner pálida, y se le iba la mirada, como ausente. No sabía que hacer, el miedo me paralizó. Una ola de frío atravesó mi pecho y me impulsó a gritar:

-¡Abuela, abuela! ¡Ayuda por favor!

Mi abuela empezaba a jadear y nadie aparecía. Me estaba poniendo muy nervioso, cuando de repente entró una enfermera con un médico, que se llevaron a mi abuela corriendo, mientras yo me quedé allí, sin respiración, pensando que podía ser la última vez que veía a mi abuela.

Empecé a llorar, y entró una enfermera diciéndome que no me preocupara, pero era imposible… ¿cómo no me iba a preocupar? Yo era el culpable: por mi culpa mi abuela estaba así, tal vez no debí haberle contado nada, debería haberme callado, porque entonces mi abuela estaría bien…

La enfermera salió y mi madre entró en la habitación con lágrimas en los ojos: venía al hospital a ver qué tal estaba todo, cuando la llamaron avisándola. Yo cada vez me sentía peor, más hundido. Cuando creía que esto no podía ir a peor, apareció Isabel, que se había enterado que estaba con mi abuela en el hospital.

-¿Qué ha pasado Mario?¿Por qué estás así?- no podía responder, no tenía fuerzas.

Una enfermera apareció en la puerta. Todos la miramos poniéndonos en lo peor.

-No se preocupen, hemos conseguido estabilizarla, aunque por poco. Será mejor que esté un tiempo sin recibir visitas, está muy débil. Sin embargo les informaremos de cualquier novedad.

Nos fuimos a casa, preocupados por lo que podía pasar. Isabel también vino con nosotros, decía que quería quedarse conmigo un rato. Me apetecía estar solo, pero aun así me gustaba la idea de pasar tiempo con ella. Subimos a mi cuarto y ella cerró la puerta, supongo que se daría cuenta que quería aislarme un poco. Me senté en la cama, y ella se sentó a mi lado. Noté su mano acariciando mi cara, y me sentí un poco mejor. La miré, y nuestras miradas se estaban cruzando.

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¿Por qué todo a él?(24)


uciNo podía ser, no podía estar sucediendo eso, su abuela, mal, por su culpa. ¿Qué mal había hecho él para merecerse eso? Se acordó de todas las noticias publicadas y sus historias, principalmente la de Lucas, pero no era su culpa ni tampoco la de su abuela de que todas sus historias escritas se hicieran realidad y su angustia por no escribir lo volviera loco. ¿Qué podía hacer?

Vio a una enferma hablando con una familia y decidió preguntarle cuando acabase por qué su abuela estaba en aquella sala, que le había pasado la noche anterior.

La enfermera acabó de contarle una noticia más bien mala por la cara de la familia, y Mario se decidió a preguntar, con miedo por la repuesta que le diese sobre su abuela. La chica sonreía pero aún así su cara lo decía todo, ella intentaba ocultarlo pero eso con Mario no funcionaba. -Tu abuela…-comenzó a decirle- está ingresada aquí porque ayer tuvo un ataque de ansiedad, que le produjo un paro cardíaco, ya está mucho mejor, no hay de que preocuparse, pero aún que no debería le voy a llevar a verla, solo para que tu te quedes más tranquilo y ella se ponga contenta al ver a su nieto.

Al entrar en la sala, un escalofrío recorrió su cuerpo, de repente vio en una de la paredes la cara de Julia y al lado la cama de su abuela donde parecía que dormía tranquilamente. La despertó con un beso en la frente y su abuela sonrió, Mario no pudo evitar preguntarle que podía hacer para que sus historias no hicieran daño a la gente, su abuela simplemente le dijo -Aprenderás a escribir sin que hagas daño, solo tienes que saber lo que escribes y si quieres seguir escribiendo tus historias, sigue, para no hacer daño a nadie tienes que…- Un sonido extraño hizo que su abuela parase.

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Las cosas se complican…otra vez (23).


Mario decidió quedarse todo lo que quedaba de tarde en la sala de espera mientras su abuela seguía recuperándose, era algo normal, tan solo una bajada de azúcar aunque…. lo que tardaban en darle el alta. Esa noche volvió a casa, dispuesto a volver a quedarse en la sala de espera al día siguiente y llevarse los deberes para hacerlos allí, suponiendo que se iba a quedar un largo rato. Dicho y hecho, ese día llegó al hospital, preguntó dónde alojaban a su abuela y siguió las indicaciones de la enfermera que le mostraba dónde ir. Se sentó en un banco y sacó sus deberes para hacerlos. Las horas pasaban lentamente, por lo que pudo hacer bastantes cosas ese día. Adelantó deberes y escribió el principio de una historia que ocurría en un hospital, ya que se sentía inspirado.

hospital Al poder quedarse allí toda la tarde, pudo observar todo lo que le rodeaba con mucho tiempo. Muchas personas pasaban por esa sala ese día, se sentaban a esperar a los familiares que estaban dentro y paseaban nerviosamente por los pasillos hacia las diferentes máquinas expendedoras, intentando así reducir con comida o bebidas el agobio que les daba esperar noticias de los médicos que podían no ser buenas. Había de todo; algunos estaban rezando en silencio, otros ojeaban algunas revistas tranquilamente y los más nerviosos paseaban de arriba a bajo mirando al suelo. “Hoy están más inquietos, es sólo una sala de espera corriente.” pensó Mario. De repente, se dio cuenta de que estaba en la sala de espera de la unidad de cuidados intensivos. Un sudor frío le empezó a recorrer la frente. Se lo secó rápidamente. No podía ser, puesto que le habían mandado a esperar a su abuela en esa sala, ella debería estar dentro, a pesar de que el día anterior sólo tenía una bajada de azúcar. A no ser…

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Abuela, tienes que recuperarte (22)


Mario no podía permanecer tranquilo en su casa sin saber si su abuela se recuperará, por lo que decide ir al hospital para así enterarse de lo que le ocurre y por qué en el preciso momento en el que la mujer iba a contarle la solución…La solución para que las cosas sean como tienen que ser…Por que una cosa tiene clara…Ahora mismo las cosas no van como deben ir en cualquier situación. ¿Por qué a su familia? ¿Por qué no a otra? O incluso… ¿Por qué no a otro familiar? ¿Por qué tenía que haber sido precisamente él? Esas eran las preguntas que resonaban en la mente de Mario una y otra vez durante todo el trayecto hacia el hospital.

¿Por qué él es el raro? Se llega a preguntar pero deshecha rápidamente. Él no es raro… Simplemente es algo especial… Esto le hace gracia…Nunca le ha gustado esta palabra pero al final ese odio a la expresión era por algo… Él es especial.

Al llegar un montón de preguntas de su madre le bombardean. Su madre no entiende nada, la abuela estaba perfectamente hasta el día de hoy.

Mario teme la llegada del médico por posibles malas noticias… Aunque resulta tranquilizarle.

La abuela solo ha tenido una subida de azucar unida a una fuerte impresión, la cual los médicos desconocen… Cosa que Mario si conoce…

A la abuela le había impresionado volver a hablar de su juventud… Piensa Mario aunque nunca lo dirá en alto. Ella está así por su culpa… Él le ha echo volver a su infancia, en el momento en el que a ella le ocurrían las cosas que ahora en la actualidad le pasan a Mario y eso hace que en el fondo de él surja un sentimiento de tristeza.

Esperan durante unas largas tres horas en la sala de espera hasta que el médico da permiso para que puedan entrar a ver a la abuela. Aunque todavía permanece inconsciente, la abuela ha recuperado su tono de color, cosa que tranquiliza aún más a Mario.

‘Tendré que esperar para saber toda la verdad… Te daré un poco de tregua abuela… Pero no puedo seguir con la venda puesta… Debo saber como terminar con esto de una vez para no poder hacer daño a nadie. Piensa Mario.

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